Hoy quiero hacer una reflexión en voz alta.
Una de esas reflexiones que empiezan después de varias demos, varias conversaciones con clientes y esa sensación rara de estar viendo algo que otros todavía no están mirando.
Según escribo estas líneas, estoy aquí, en las oficinas.
Acabo de hablar con compañeros y compañeras del equipo sobre las demos que estamos haciendo a nuevos clientes que entran en Kiby.
Y hay una tendencia que cada vez veo más clara.
Una tendencia que, sinceramente, me sorprende bastante.
Porque cuando miro ahí fuera y veo cómo están evolucionando muchos ERP, software de gestión o programas de facturación, tengo la sensación de que muchos se han quedado mirando al sitio equivocado.
Se han centrado muchísimo en contabilidad.
En nóminas.
En asientos contables.
En el Plan General Contable.
En informes que suenan muy bien en una demo para un departamento financiero, pero que al autónomo o a la pyme de la calle le importan bastante menos de lo que parece.
Y mientras tanto, lo que muchos negocios necesitan de verdad sigue siendo otra cosa:
Mejorar su día a día, ahorrar tiempo, automatizar tareas y tener más control real de su empresa.
Soy Jorge Cáceres, fundador de Kiby ERP.
Píllate un café o una cerveza, porque hoy vamos a hablar de una de las grandes confusiones del software de gestión: creer que todos los autónomos y pymes quieren ser contables.
El problema no es la contabilidad. El problema es pensar que todo gira alrededor de ella
Vamos a dejar algo claro desde el principio.
La contabilidad es importante. Claro que sí.
Hay que presentar impuestos.
Hay que tener los números claros.
Hay que cumplir con Hacienda.
Hay que llevar facturas, gastos, modelos, declaraciones y todo lo que toca.
Pero una cosa es que la contabilidad sea importante.
Y otra muy distinta es construir un software entero como si el autónomo medio estuviera deseando sentarse a hacer asientos contables.
Porque no. La mayoría no quiere eso.
La mayoría no se levanta por la mañana pensando:
“Qué ganas tengo hoy de hacer un asiento contable bien hermoso.”
No. La mayoría quiere trabajar.
Quiere vender. Quiere cobrar.
Quiere controlar sus gastos. Quiere saber qué tiene pendiente.
Quiere que su gestor tenga acceso a lo que necesita. Quiere subir una factura de compra sin picarla a mano.
Quiere descargar sus tickets del TPV. Quiere mandar la información a su asesoría.
Y quiere seguir con su vida.
El autónomo no quiere convertirse en contable. Quiere que la gestión deje de robarle tiempo.
Lo que estamos viendo en las demos de Kiby
Esto no lo digo desde una teoría bonita escrita en una pizarra.
Lo estamos viendo en las demos.
Clientes que llegan a Kiby después de probar otros programas y que vienen rebotados.
Clientes que han entrado en herramientas muy conocidas y han salido con la misma sensación:
“Esto es demasiado complejo para mí.”
Y muchas veces el problema no es que el software sea malo.
El problema es que está pensado desde un lugar que no coincide con la realidad de muchas pymes.
Nos encontramos con gente que nos dice cosas como:
- “Yo no quiero hacer asientos contables.”
- “Yo no sé de contabilidad.”
- “Eso lo lleva mi gestor.”
- “Yo solo quiero hacer facturas.”
- “Quiero registrar gastos sin perder tiempo.”
- “Quiero tener mis ventas claras.”
- “Quiero mandar la información a mi asesoría.”
- “Quiero saber qué tengo pendiente.”
- “Quiero organizar mi día a día.”
Y cuando les enseñamos Kiby, muchas veces la reacción es muy parecida:
“Esto es lo que yo quería.”
No porque Kiby sea mágico ni porque hayamos inventado la rueda.
Sino porque hemos puesto el foco en otro sitio.
En lugar de construir una herramienta obsesionada con que el usuario haga contabilidad, hemos querido construir una herramienta para que el usuario gestione mejor su empresa y la contabilidad se realice sola.
El gestor ya está para hacer de gestor
Hay algo muy simple que a veces parece que se olvida.
Muchísimos autónomos y pymes en España ya tienen una gestoría.
Y esa gestoría es quien hace la contabilidad.
Es quien presenta modelos.
Es quien prepara el IVA.
Es quien revisa el IRPF.
Es quien dice:
“Este trimestre te toca pagar tanto.”
Y el autónomo lo que quiere es tenerlo todo ordenado para que su gestor pueda hacer su trabajo sin pedirle veinte veces la misma factura.
Quiere poder decir:
- Aquí tienes mis facturas emitidas.
- Aquí tienes mis gastos.
- Aquí tienes los tickets del TPV.
- Aquí tienes la información del trimestre.
- Aquí tienes acceso a Kiby para descargar lo que necesites.
Y ya está.
Pum. Se acabó.
No necesita entrar en una pantalla que le pida interpretar asientos contables.
No necesita entender cada cuenta del Plan General Contable.
No necesita sentirse pequeño delante de un programa que parece diseñado para alguien que estudió contabilidad durante cinco años.
Necesita una herramienta que le ayude a trabajar mejor y que permita a su gestor hacer la parte contable sin fricción.
La pyme no quiere un laberinto contable. Quiere control
Y aquí está el cambio de rumbo.
El ERP, el software de gestión o el programa de facturación no debería ser solo una herramienta para cumplir.
Debería ser una herramienta para controlar mejor el día a día.
Porque una empresa no vive únicamente en la contabilidad.
Una empresa vive en cosas mucho más terrenales:
- Facturas que hay que emitir.
- Gastos que hay que registrar.
- Tickets que no se pueden perder.
- Presupuestos que hay que enviar.
- Clientes que hay que seguir.
- Ventas que hay que controlar.
- Proyectos que hay que organizar.
- Cobros pendientes.
- Productos.
- Stock.
- Pedidos.
- Documentos.
- Equipo.
- Tiempo.
Ese es el día a día.
Ahí es donde se pierde tiempo.
Ahí es donde se cometen errores.
Ahí es donde una empresa pequeña se atasca.
Y ahí es donde un software de gestión debería aportar valor de verdad.
El software no debería hacer que una pyme se sienta contable. Debería hacer que se sienta más dueña de su negocio.
Cuando el software se diseña para departamentos que muchas pymes no tienen
Creo que parte del problema viene de aquí.
Muchos programas parecen diseñados pensando en empresas con departamentos.
Departamento financiero.
Departamento contable.
Departamento administrativo.
Departamento de operaciones.
Departamento comercial.
Todo muy ordenado en teoría.
Pero la realidad de muchas pymes españolas es bastante diferente.
En una pyme, muchas veces la misma persona hace de gerente, comercial, administrativo, atención al cliente, compras, cobros y apagafuegos oficial.
Y cuando llega a un software que parece exigirle mentalidad de departamento contable, se bloquea.
No porque sea torpe.
No porque no sepa llevar su empresa.
Sino porque esa herramienta no le está hablando en su idioma.
Una cosa es tener un software potente. Otra muy distinta es obligar al usuario a pensar como un contable para poder usarlo.
En Kiby no arrancamos por ahí
Cuando empezamos a construir Kiby, hace ya más de 10 años, no lo hicimos pensando en crear una herramienta para que el autónomo se pusiera a hacer asientos contables.
Lo hicimos mirando al día a día.
Mirando lo que de verdad pesa.
Mirando lo que se repite.
Mirando lo que roba tiempo.
Mirando lo que genera caos.
Por eso Kiby se ha ido enfocando en cosas como:
- Crear facturas de forma sencilla.
- Registrar gastos sin picarlo todo a mano.
- Arrastrar facturas de compra al escáner con IA para que el sistema lea la información.
- Validar documentos antes de registrarlos.
- Conectar una tienda online con el ERP.
- Convertir Kiby en el centro de la gestión diaria.
- Controlar ventas.
- Gestionar clientes.
- Organizar presupuestos.
- Controlar proyectos.
- Dar acceso a la asesoría.
- Tener la información ordenada sin convertir al usuario en contable.
Y esto no significa que la parte fiscal o contable no importe.
Significa que no tiene por qué ser el centro de la experiencia para el usuario final.
El centro debería ser el trabajo real de la empresa. La contabilidad debería acompañar, no secuestrar la herramienta.
El autónomo no quiere hacer un asiento contable
Voy a decirlo claro.
La mayoría de nuestros clientes no hace asientos contables.
Ninguno te dice emocionado:
“Jorge, enséñame dónde puedo meter asientos contables manuales, que me hace ilusión.”
No pasa.
Lo que quieren es otra cosa.
Quieren poder hacer facturas.
Quieren controlar ventas.
Quieren registrar gastos.
Quieren tener documentos claros.
Quieren poder descargar lo necesario.
Quieren que su gestor acceda y trabaje.
Quieren ver cómo va su negocio sin necesitar un máster en contabilidad.
Y ojo, lo digo con toda la humildad del mundo:
yo tampoco me levanto por la mañana queriendo hacer asientos contables.
Si me pongo, seguramente los aprenderé.
Pero no es mi trabajo.
Mi trabajo es sacar adelante la empresa.
Igual que el trabajo de muchísimos autónomos no es convertirse en contables.
Su trabajo es vender, atender, entregar, crear, fabricar, reparar, diseñar, cobrar, organizar y seguir vivos al final del mes.
Su software debería ayudarles a eso. No ponerles una barrera técnica delante.
La competencia nueva está mirando donde ya miraban los de siempre
Y esto es lo que me llama la atención.
Veo empresas nuevas, con rondas de inversión, con muchísimo ruido, con mensajes muy potentes y con una imagen muy moderna.
Pero muchas siguen caminando hacia el mismo sitio:
más contabilidad, más complejidad, más capa fiscal, más estructura pesada.
Y no digo que eso no tenga mercado.
Claro que lo tiene.
Hay empresas que necesitan una contabilidad muy integrada.
Hay asesorías que quieren profundidad contable.
Hay departamentos financieros que buscan eso.
Pero me cuesta entender que se venda como si fuera lo que necesita el 90% de autónomos y pequeñas empresas.
Porque en las demos estamos viendo otra cosa.
Estamos viendo gente que no quiere más complejidad. Quiere más claridad.
Y ahí creo que hay una oportunidad enorme.
Una oportunidad que muchos gigantes todavía no están viendo.
O quizá la ven, pero les cuesta girar.
Porque cuando una empresa ha construido su producto, su discurso y su estructura alrededor de un enfoque muy contable, cambiar el rumbo no es tan sencillo.
Pero mientras unos siguen afinando pantallas para perfiles contables, muchas pymes siguen pidiendo otra cosa:
“Hazme más fácil mi día a día.”
El nuevo ERP debería ser el centro operativo de la empresa
Para mí, el rumbo del ERP está cambiando.
O debería cambiar.
El ERP ya no puede ser solo ese lugar donde se meten facturas y se preparan datos para contabilidad.
Eso se queda corto.
El ERP debería convertirse en el centro operativo de una empresa.
El sitio donde ocurre el día a día.
Donde se conectan las ventas, los gastos, los clientes, los productos, el equipo, los documentos, las tareas y la información.
Un sitio desde el que una pyme pueda entender mejor qué está pasando.
No solo cuánto tiene que pagar a Hacienda.
Sino cosas mucho más prácticas:
- Qué clientes están activos.
- Qué presupuestos están pendientes.
- Qué facturas faltan por cobrar.
- Qué gastos se han acumulado.
- Qué productos se están vendiendo.
- Qué tareas se repiten demasiado.
- Qué información necesita la asesoría.
- Qué procesos se pueden automatizar.
- Qué parte del negocio sigue dependiendo de Excel.
Eso sí cambia el día a día.
Eso sí aporta control.
Eso sí hace que una empresa se sienta menos perdida.
El ERP del futuro no debería ser un programa para contables. Debería ser una herramienta para que las empresas trabajen mejor.
La contabilidad debe estar, pero no tiene que mandar
Esta es la clave.
No se trata de eliminar la contabilidad.
No se trata de decir que no importa.
No se trata de hacer software de juguete.
Se trata de colocar cada cosa en su sitio.
La contabilidad debe estar.
Debe poder trabajarse.
Debe poder llegar a la asesoría.
Debe poder exportarse.
Debe poder estar ordenada.
Pero no tiene por qué ser la puerta de entrada para todo el mundo.
No tiene por qué condicionar toda la experiencia.
No tiene por qué convertir el software en algo intimidante.
Porque si el usuario se bloquea antes de emitir su primera factura, algo falla.
Si el autónomo entra y siente que necesita saber contabilidad para usar el programa, algo falla.
Si la pyme quiere controlar su día a día y tú le das una herramienta pensada para departamentos que no tiene, algo falla.
Un buen software de gestión debería hacer fácil lo frecuente y dejar lo complejo para quien realmente lo necesita.
El filón está en hacer fácil lo que todos hacen cada día
Y aquí es donde nosotros vemos el filón.
No en prometer una contabilidad infinita para usuarios que no quieren tocarla.
No en meter complejidad porque suena más profesional.
No en hacer que el autónomo se sienta pequeño delante de un panel lleno de conceptos que no usa.
El filón está en otra parte.
Está en hacer fácil lo que todos hacen cada día:
- Facturar.
- Vender.
- Registrar gastos.
- Subir documentos.
- Controlar cobros.
- Enviar información al gestor.
- Ver qué está pendiente.
- Automatizar tareas repetitivas.
- Conectar herramientas.
- Entender mejor el negocio.
Ahí está la batalla real.
En quitar fricción.
En ahorrar tiempo.
En hacer que gestionar una empresa no parezca una condena.
Y cuando enseñas eso en una demo, se nota.
Porque la gente no te dice:
“Qué bonito el asiento contable.”
Te dice:
“Esto me ahorra tiempo.”
“Esto lo entiendo.”
“Esto sí lo usaría.”
Y eso, para nosotros, vale muchísimo más.
Quizá cuando algunos quieran verlo, ya será tarde
No sé qué pasará.
No sé si los grandes girarán.
No sé si la competencia nueva se dará cuenta.
No sé si seguirán construyendo herramientas muy bonitas para resolver problemas que muchas pymes ni siquiera sienten como propios.
Pero sí sé lo que estamos viendo nosotros.
Estamos viendo clientes cansados de complejidad.
Clientes que no quieren hacerse contables.
Clientes que valoran que el software les hable claro.
Clientes que quieren trabajar mejor, no estudiar un manual.
Clientes que quieren que su gestor haga de gestor y que su herramienta les ayude en el día a día.
Y si eso es lo que estamos viendo, tenemos que construir hacia ahí.
Porque quizá el futuro del ERP no esté en parecer más contable. Quizá esté en parecer más útil.
En tierra de gigantes, entender el día a día también es una forma de competir
Los gigantes tienen marca.
Tienen rondas millonarias.
Tienen equipos enormes.
Tienen anuncios.
Tienen departamentos.
Tienen discursos muy bien construidos.
Pero a veces, desde arriba, se ve peor lo que ocurre en la calle.
Y en la calle, muchas pymes no están pidiendo más contabilidad.
Están pidiendo respirar un poco.
Están pidiendo menos tareas manuales.
Están pidiendo menos caos.
Están pidiendo una forma más sencilla de gestionar.
Están pidiendo una herramienta que no les haga sentir que están entrando en un despacho contable cada vez que quieren emitir una factura.
Y ahí es donde Kiby quiere estar.
No para decir que la contabilidad no importa.
Sino para decir algo bastante más simple:
La contabilidad importa. Pero el día a día de una empresa también.
Y muchas veces, si mejoras el día a día, todo lo demás llega más ordenado.
Las facturas.
Los gastos.
Los tickets.
Los documentos.
La información para la asesoría.
El control.
La tranquilidad.
Así que sí.
El rumbo del ERP está cambiando.
O al menos debería.
Y nosotros vamos a empujar en esa dirección.
Menos laberinto.
Menos miedo.
Menos asiento contable para quien no lo necesita.
Más claridad.
Más automatización útil.
Más control real.
Más día a día.
Porque una pyme no necesita sentirse contable para gestionar bien su negocio.
Necesita una herramienta que le ayude a trabajar mejor.
Y puede ser que escribiendo estas líneas, de pistas a la competencia. Pero no me lo podía callar y tenía que contarlo aquí, en «Tierra de gigantes».








