Hemos tirado la home de Kiby a la basura.
Entera.
Los textos, el orden, los botones, las promesas. Todo.
Y la hemos vuelto a construir siguiendo un libro de 1966 escrito por un señor que vendía libros por correo en Nueva York.
Sí, has leído bien. 1966. Sin internet, sin Google, sin ChatGPT y sin gurús de LinkedIn explicándote cómo hacer una landing en cinco pasos.
Ese libro se llama Breakthrough Advertising, lo escribió Eugene Schwartz, y es uno de los libros de publicidad más buscados que existen. Durante años estuvo descatalogado y la gente pagaba cientos de dólares por una copia de segunda mano.
Y cuando lo lees entiendes por qué.
Porque te das cuenta de que casi todas las webs de software que ves por ahí, también las de los gigantes, están gritando las cosas correctas a la persona equivocada y en el momento equivocado.
Soy Jorge Cáceres, fundador de Kiby ERP, y hoy quiero contarte en Tierra de Gigantes cómo hemos rehecho nuestra home pieza a pieza con el marco de Eugene Schwartz. Sin humo. Te voy a enseñar la tripa de cada sección: qué pone, a quién le habla y por qué está ahí y no en otro sitio.
Coge una cerveza o un café, y disfruta de esta crónica.

En este artículo
- El problema: hablábamos de lo que hacemos, no de lo que le pasa a quien nos lee
- Lo primero que te enseña Schwartz: el deseo no se crea, se canaliza
- Los cinco niveles de consciencia (o por qué no le puedes hablar igual a todo el mundo)
- La segunda bofetada: el mercado más quemado de España
- Así está montada la home, peldaño a peldaño
- Lo que NO hemos hecho (y nos ha costado no hacerlo)
- Pero Jorge, ¿y esto funciona?
- Cómo aplicar a Schwartz en tu propia web (aunque no vendas software)
- Los gigantes tienen presupuesto. Nosotros tenemos que tener razón.
El problema: hablábamos de lo que hacemos, no de lo que le pasa a quien nos lee
Nuestra home antigua no era mala. Era correcta.
Y eso es lo peor que te puede pasar en internet. Ser correcto.
Te la enseño tal cual, sin maquillar. Lo primero que leías era esto:
«Kiby – El ERP que unifica tu negocio y crece contigo.»
Debajo: «Factura, vende, controla y crece desde un único lugar.» Y después: «ERP todo en uno para autónomos, pymes y comercios exigentes. Rápido, intuitivo, en la nube y con soporte humano real.»
Más abajo, «Todo lo que necesitas, en un único ERP», una lista de módulos, y una frase que hoy me da hasta un poco de vergüenza: «Sin permanencias, sin letra pequeña. Solo resultados reales.»
¿Ves el problema?
Todo es verdad. Pero todo habla de nosotros: de lo que es Kiby, de lo que tiene Kiby, de lo bien que funciona Kiby. Y prometíamos «resultados reales» sin enseñar ni uno.
Date una vuelta por las webs de los programas de facturación de este país y cuenta cuántas veces lees «todo en uno», «fácil e intuitivo» o «ahorra tiempo». Yo dejé de contar.

Era como presentarte a una cita diciendo «soy una persona normal que respira». Verdad, sí. Memorable, ni de broma.
El día que me senté a releer a Schwartz con la home abierta en la otra pantalla, me entraron ganas de esconderme debajo de la mesa.
Porque estaba todo ahí. Cada error. Explicado hace sesenta años.
Lo primero que te enseña Schwartz: el deseo no se crea, se canaliza
La idea central de Breakthrough Advertising cabe en una frase, y te la resumo con mis palabras: un texto no puede crear el deseo de comprar algo. Solo puede recoger un deseo que ya existe y llevarlo hasta tu producto.
Parece una tontería. No lo es.
Significa que nadie se levanta por la mañana con ganas de «un ERP». Nadie. Ni tú, ni yo, ni el dueño de una ferretería en Badajoz.
Lo que existe son otros deseos, mucho más humanos:
- Dejar de pasarte los domingos por la noche haciendo facturas.
- Que tus clientes te paguen sin tener que perseguirlos.
- Dejar de pagar cinco suscripciones que no se hablan entre ellas.
- Saber cuánto dinero tienes de verdad sin abrir tres Excel.
Ese es el deseo de masas, como lo llama Schwartz. Y tu trabajo no es inventarlo. Es encontrarlo, ponerle nombre y enseñar que tu producto es el camino más corto para llegar ahí.
Por eso nuestra home ya no empieza diciendo lo que es Kiby. Empieza diciendo lo que haces tú con él.
Los cinco niveles de consciencia (o por qué no le puedes hablar igual a todo el mundo)
Esto es lo que de verdad me voló la cabeza.
Schwartz dice que la persona que te lee está en uno de estos cinco estados, y que tu titular tiene que empezar exactamente en el estado en el que está ella, no en el que te gustaría a ti:
- El completamente inconsciente. No sabe que tiene un problema. Hace las facturas en Word desde hace diez años y para él eso es «lo normal».
- El consciente del problema. Sabe que algo no va bien. Pierde tiempo, se le olvidan cobros, se agobia con Hacienda. Pero no sabe que hay una solución.
- El consciente de la solución. Sabe que existen programas de gestión. No sabe cuál, ni si Kiby existe.
- El consciente del producto. Conoce Kiby. Ha visto la web, quizá un vídeo. Pero duda: ¿será para mí?, ¿y si me cuesta cambiar?, ¿y el soporte?
- El más consciente. Ya nos quiere. Solo necesita ver el precio y el botón.
¿Sabes cuál es el error que cometen el 90 % de las webs de software?
Le hablan a todo el mundo como si estuviera en el nivel 4 o 5. Funciones, funciones, funciones. Módulos. Integraciones. Planes.
Y al que está en el nivel 1 o 2, que es la inmensa mayoría de autónomos y pymes de este país, todo eso le resbala. Porque todavía no ha aceptado que tiene un problema.
Una home no es un anuncio. Es una escalera. Y cada sección tiene que subir a alguien un peldaño.
Así que eso hicimos: una escalera.
La segunda bofetada: el mercado más quemado de España
La otra mitad del marco de Schwartz es la sofisticación del mercado. Es decir, cuántas veces ha oído ya tu cliente promesas como la tuya.
Él lo divide en cinco etapas:
- Eres el primero. Basta con decir lo que haces.
- Ya hay competencia. Tienes que prometer más grande.
- Todos prometen grande y nadie se lo cree. Tienes que explicar cómo lo consigues, el mecanismo.
- Todos explican su mecanismo. Tienes que mejorarlo o demostrarlo.
- El mercado está saturado y ya no se cree nada. Ganas por identificación: que el cliente se reconozca en lo que cuentas.
Ahora piensa en el software de facturación en España.
«Factura en segundos». «Ahorra tiempo». «Fácil e intuitivo». «Todo en uno». Lo dicen todos. Lo decíamos nosotros. Lo dice hasta la calculadora del móvil si la dejas.
Estamos en la etapa 5. De cabeza.
Y en la etapa 5, una promesa sin prueba no vale nada. Es ruido. Es otro cartel más en una autopista llena de carteles.
Así que tomamos dos decisiones que lo cambiaron todo:
- Cada cifra que pusiéramos, la íbamos a demostrar delante del cliente. Con el cálculo abierto.
- Íbamos a hablar de su día, no de nuestros botones.
Así está montada la home, peldaño a peldaño
Te la abro en canal. Si quieres, abre la home de Kiby en otra pestaña y lo vas viendo a la vez.
Peldaño 1: tres verbos para el que ya nos busca
Lo primero que ves es esto: «Vende, gestiona y cobra.»
Tres verbos. Ni «ERP», ni «solución integral», ni «plataforma omnicanal de no sé qué».
Arriba del todo le hablamos al más consciente, al que ha llegado buscando «Kiby» o viene de una recomendación. A ese no le hace falta que le convenzas. Le hace falta confirmar en un segundo que está en el sitio correcto. Y tener el botón de prueba a mano.
Pero justo debajo ya bajamos un peldaño: «Deja de saltar entre programas y de pagar varias suscripciones.» Eso ya no es para el que nos conoce. Es para el que tiene el problema y todavía no le ha puesto nombre.
Peldaño 2: la pregunta que te hace mirar tu propia cuenta del banco
La primera sección empieza con dos preguntas:
«¿Cuántos programas distintos usas hoy para llevar tu negocio? ¿Y cuánto pagas por todos?»
Esta es la que más me gusta. Porque no te cuenta nada. Te obliga a pensar.
Es el truco para el inconsciente: no le dices que tiene un problema, porque no te va a creer. Le haces una pregunta y dejas que el problema lo descubra él solo. Facturación por un lado, CRM por otro, el chat del equipo, el programa de fichajes, la hoja de proyectos… Y cuando suma, se le cae el café.
Peldaño 3: cifras con la tripa al aire
Aquí viene lo que creo que no hace nadie.
Ponemos tres cifras: hasta 40 horas al mes recuperadas, cobra hasta 3 veces más rápido y ahorra hasta 80 € al mes en herramientas.
Hasta ahí, como todo el mundo. Cualquiera puede poner un número grande en una web.
La diferencia es que debajo de cada cifra hay un enlace que dice «¿de dónde sale?». Y si pinchas, te abrimos el cálculo entero:

- Las 40 horas salen de una pyme de 3 personas que cada mes hace 110 facturas, 55 presupuestos, sigue 110 cobros, registra 180 gastos y manda la documentación a su gestoría. Tarea por tarea, con tiempos cronometrados: unas 50 horas a mano frente a unas 10 con Kiby.
- Los 80 € salen de sumar con nombres y apellidos lo que cuestan las herramientas por separado para 3 usuarios, con sus precios públicos, frente a lo que cuesta lo mismo en Kiby.
- Lo de cobrar 3 veces más rápido es con Kiby Pay, que llega próximamente, y en la home lo pone bien claro. El cálculo nos da 4,5. Y aun así ponemos 3, para quedarnos cortos.
¿Sabes lo que hace eso en la cabeza del que lee?
En un mercado donde nadie se cree nada, enseñar las cuentas es la única forma de que te crean. Y prometer menos de lo que te sale en el cálculo es algo que un gigante no hará nunca, porque su departamento de marketing se moriría de un infarto.
Eso es Schwartz puro: en la etapa 5 no ganas gritando más fuerte. Ganas siendo el único al que se le puede comprobar todo.
Peldaño 4: tu día, no nuestros botones
Después viene una sección que se titula «Desde el primer café hasta el último cobro del día.» Y debajo: «Levanta la persiana. De lo demás, se encarga Kiby.»
No hay ni una función en esa frase. Ni una.
Es identificación. Es el dueño de una tienda que abre a las 9, el autónomo que se toma el café mirando el correo, la gestora que cierra el trimestre. Si te reconoces en esa frase, ya no estás leyendo un anuncio de software. Estás leyendo sobre ti.
Peldaño 5: el mecanismo, enseñado en movimiento
Ahora sí. Ahora, que ya has aceptado el problema y te has reconocido, te enseñamos cómo lo hacemos: facturación, el TPV, el equipo, el escáner de gastos con IA y Kiby Pay, los cobros, que está a punto de llegar.
Pero fíjate en un detalle. No te enseñamos pantallas estáticas llenas de menús. Te enseñamos el resultado en movimiento: una foto a un ticket de gasolinera que se convierte sola en un gasto contabilizado, una venta en la tienda que descuenta el stock y suma a la caja, una empleada que pide sus vacaciones y se le actualiza el saldo.
Eso es el mecanismo de Schwartz. No te digo «es fácil». Te enseño por qué es fácil, y dejo que lo veas tú.
Peldaño 6: que lo digan otros
Viene la sección de clientes: «No te lo contamos nosotros, te lo cuentan ellos.»
A estas alturas, el que lee ya conoce el producto y empieza a dudar. Es normal. Es el nivel 4. Y en el nivel 4, lo que digas tú vale la mitad que lo que diga alguien como él.
Peldaño 7: matar las dudas antes de que las diga
Luego, siete razones por las que la gente se pasa a Kiby. Pero si te fijas, no son siete ventajas. Son siete objeciones respondidas antes de que las pienses:
- «¿Y si tengo un problema y nadie me coge el teléfono?» → Soporte humano en todos los planes.
- «¿Y me van a cobrar cada módulo aparte?» → Todo incluido, solo pagas por lo que usas.
- «¿Y si me cuesta un mundo cambiar de programa?» → Nos traemos tus datos, gratis. Lo tienes explicado en cómo hacemos la mudanza a Kiby.
- «¿Y si mañana crezco y se me queda pequeño?» → Una herramienta para todo el recorrido.
El que está en el nivel 4 no necesita más funciones. Necesita que le quites el miedo.
Peldaño 8: el precio, para el que ya ha decidido
Y solo entonces, abajo, los planes. Con el precio a la vista, sin «pide presupuesto», sin «contacta con ventas».
Al más consciente le damos el botón de prueba arriba del todo, porque ya ha decidido. Al resto, el precio cuando ya han subido toda la escalera. El precio antes de tiempo asusta. El precio en su sitio cierra.
Peldaño 9: el que decide por detrás
Y hay una sección que mucha gente no entiende: la de asesorías y gestorías.
¿Por qué hablarle a alguien que no es el que paga?
Porque en muchas pymes, cuando el dueño pregunta «¿qué programa uso?», el que responde es su asesor. Es el prescriptor. Y si el asesor está en el nivel 1 con Kiby, el dueño nunca pasará del 1.
Lo que NO hemos hecho (y nos ha costado no hacerlo)
Te cuento también lo que dejamos fuera a propósito:
- No hemos usado el miedo. Ni «multas de Verifactu», ni «Hacienda va a por ti». Ya te conté lo que pensamos del negocio del miedo en nuestra crónica sobre Verifactu. Funciona a corto plazo, sí. Y luego te deja un cliente que te compró asustado, no convencido.
- No hemos puesto superlativos sin pruebas. Nada de «el mejor ERP de España». Si no lo puedo demostrar con un cálculo, no lo pongo.
- No le hemos hablado a todo el mundo a la vez. Cada sección tiene un destinatario. Si una sección no sabía a quién le hablaba, la borrábamos.
Fue doloroso. Hubo textos que me encantaban y que acabaron en la papelera porque no subían a nadie ningún peldaño.
Pero Jorge, ¿y esto funciona?
Te voy a ser sincero, como siempre en esta sección.
Es pronto para enseñarte números. La home nueva lleva poco tiempo publicada y no te voy a inventar un «+300 % de conversiones» para quedar bien. Cuando tengamos datos de verdad, te los contaré aquí, en otra crónica, sean buenos o malos.
Lo que sí te puedo decir es que, por primera vez, cada frase de la home tiene un porqué. Y si una no funciona, sabemos exactamente qué peldaño hay que arreglar.
Cómo aplicar a Schwartz en tu propia web (aunque no vendas software)
No necesitas leerte el libro entero para empezar. Coge tu web y hazte estas cinco preguntas:
- ¿Qué deseo ya existe en tu cliente? No el que te gustaría que tuviera. El que tiene. Escríbelo con sus palabras.
- ¿En qué nivel de consciencia llega la mayoría? Si llegan desde Google buscando un problema, estás en el 2. Si llegan buscando tu marca, en el 5. Tu titular tiene que empezar ahí.
- ¿Cuántas veces ha oído tu cliente tu promesa? Si la ha oído mil veces, deja de prometer y empieza a demostrar.
- ¿Cada sección sube a alguien un peldaño? Si no sabes decir a quién le habla una sección, sobra.
- ¿Dónde pones el precio? Arriba para el que ya ha decidido. Abajo para el que todavía está subiendo.
Y una más, de regalo: enseña las cuentas. En un mundo donde todos exageran, el que demuestra se queda con la confianza.
Los gigantes tienen presupuesto. Nosotros tenemos que tener razón.
Holded puede gastarse en un mes de anuncios lo que nosotros en un año. Sage tiene cuarenta años de marca. Odoo tiene una comunidad enorme.
Nosotros no podemos ganar gritando más fuerte.
Pero sí podemos ganar entendiendo mejor que nadie qué le pasa por la cabeza al que nos lee. Y para eso, resulta que la mejor herramienta no era una IA de última generación ni una agencia de Madrid.
Era un libro de 1966.
Si quieres ver el resultado, aquí tienes la home de Kiby. Ábrela, súbete a la escalera y dime en qué peldaño te habríamos atrapado a ti.
Nos vemos en la próxima crónica.








